Cómo damos gracia

  • Diferencia entre dar gracia y la permisividad.
    • La gracia no ignora el problema ni lo menosprecia, la gracia da lo que no mereces pero lo que da tiene que colaborar en la transformación. 
    • La permisividad hace como si no hubiera pasado nada. Le quita importancia al asunto o lo ignora y por lo tanto no hace lo que tiene que hacer para solucionarlo.
    • También hay que mantener una tensión entre escandalizarse por el pecado o ignorarlo.
  • La gracia no castiga ni culpa, pero tampoco ignora las consecuencias ni quita responsabilidad. Si hay confesión y arrepentimiento genuino la gracia no pretenderá añadir más mal, no hará más heridas, pero tampoco tratará de evitar las consecuencias de los pecados o tratará de evitar la responsabilidad del pecador.
  • La gracia consuela y ayuda a ver la esperanza que hay en la transformación. La gracia reconoce tu debilidad como pecador y quiere restaurar tu vida y para ello te recuerda los beneficios de entregarse a los mecanismos de Cristo para redimirnos.
  • La gracia estimula la colaboración del necesitado en su transformación. La gracia te hace ver la necesidad de colaborar con el Espíritu Santo en tu santificación.
  • La gracia está empapada de amor. No es áspera, no usa malas palabras ni es rencorosa. No recuerda lo malo para herir. 
  • La gracia te hace sentir que estás agradando a Dios. La gracia te recuerda que arrepentirse alegra a Dios (Lucas 15) y que Dios está deseando que, en nuestro pecado, volvamos a él.
  • La gracia se implica con la otra persona, es inmanente. Necesita saber cómo ayudar, cómo acompañar al otro, como encarnarse en su problema. No trata de dar los 7 tips para no volver a pecar, sino que pretende seguir recogiéndote en cada caída.
  • La gracia no te va a obligar a obedecer, va a amarte hasta que desees hacerlo.
  • La gracia no necesariamente provoca respuestas instantáneas. Provoca procesos que van operando en la vida de los creyentes.
  • La gracia no acapara el protagonismo. La gracia permite hablar y expresarse al otro, no trata de tomar el control de la conversación. Es paciente.
  • La gracia no recibe solo con palabras. Los abrazos, los gestos, el llanto, invitar a comer/café, etc. son elementos de gracia más allá de las palabras.
  • La gracia es paciente. Espera a que el otro acabe de explicarse, no interrumpe. 
  • La gracia consuela. Se compadece. Te dice “siento que esto haya ocurrido”. Se entristece con el problema. 
  • La gracia quiere profundizar pero no te hace un interrogatorio. Tienes que entender la diferencia entre preguntar para mostrar interés y para obtener más información útil y acosar a la persona a preguntas. 
  • La gracia no necesariamente es aconsejar. Pero no olvida dar consejos si se piden.
  • La gracia es explícitamente educada. Pide permiso para saber hasta donde puede llegar en la conversación.
  • La gracia es confidencial. Y se lo dice explícitamente a la otra persona. Y pide permiso si es necesario decírselo a otra persona. 
  • La gracia es de Dios, no tuya. No controlas sus efectos, no pretendas una solución inmediata.
  • La gracia te invita a recordar el evangelio.

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