Adoración 5

Las historias después de la enseñanza. El final del sermón del monte. La pequeña ilustración del final muestra que lo que Jesús enseñó debe aplicarse. Jesús enseña que la aplicación debe ser fundamental. El insensato escucha y no aplica.

Cuando pensamos en adoración queremos pensar en consagración. Porque nos consagramos a quien adoramos. También dedicación, porque nos dedicamos a quien adoramos. Además debe existir una proclamación, porque la adoración no se vive en nuestro mundo interior, sino que es algo que sale a fuera. La adoración tiene que ver con toda nuestra vida.

  • (Sal. 79:13) “Y nosotros, pueblo tuyo, y ovejas de tu prado, te alabaremos para siempre; De generación en generación cantaremos tus alabanzas”. Cuando estemos en el liderazgo debemos preparar a las personas para adorar a Dios. Actualmente impera la visión antropocéntrica donde ponemos al ser humano en el núcleo de lo que hacemos. Nos debemos centrar en Dios. Hay demasiada exaltación a las personas. No significa que debamos dejar de animar a las personas. Pero lo primero es siempre Dios y luego, muy abajo en la lista, nosotros.
  • (Sal. 145:2) “Cada día te bendeciré, alabaré tu nombre eternamente y para siempre”
  • (Sal. 145:21) “La alabanza de Jehová proclamará mi boca; Y todos bendigan Su santo nombre eternamente y para siempre”. Por eso debemos tener programas de adoración donde todo tipo de personas puedan adorar a Dios. (Salmo 102.18) SIEMPRE, CADA DÍA Y TODOS.
  • Tenemos que alabar a Dios siempre y en todas las circunstancias. Sal. 119:175. Hemos de vivir para alabarle. Debemos querer vivir alabándote. A veces el desconocimiento nos lleva a cometer cosas con una buena intención pero con mal resultado. [Anécdota del café con leche y azúcar del profesor]

Alabar a Dios es aceptar que Él tiene el control de todas las cosas, y que si “todas las cosas nos ayudan para bien” (Ro. 8:28), ¿qué otra cosa podemos hacer que no sea alabarle?

Cuando llega el dolor, el fracaso, la enfermedad… a nuestra vida. ¿Qué hacemos? Creo que solamente podemos hacer dos cosas: 

O LE ALABAMOS:

  • Aunque no entendamos nada.

Salmo 55 y Salmo 23 El contraste. Una pregunta: ¿Dónde es más espiritual? Igual, porque la espiritualidad está ligada a la sinceridad. No se trata de actuar, se trata de que sintamos lo que decimos y digamos lo que sintamos. La sinceridad no es decir lo que es políticamente correcto a Dios. Decir cómo nos sentimos delante de Dios no quita dejar de adorarle.

  • En definitiva, la alabanza a Dios es lo único que podemos ofrecerle frente a todos los sufrimientos de la vida.
    • La alabanza a Dios es el estilo de vida de los que aman a Dios, creen en Dios, y esperan en Dios, aunque no entienden nada de la situación en la que se ven inmersa.
    • No nos olvidemos, la alabanza es la forma más hermosa de unir a la criatura con su Hacedor.

O NOS QUEJAMOS:

  • Cuando nos quejamos en alguna manera estamos culpando a Dios de nuestra desgracia. Nuestra queja termina siendo una acusación a nuestro Padre celestial de no saber cuidarnos lo suficientemente bien. El mismo texto hizo a Moisés adorar y a Jonás quejarse.
    • No nos engañemos, la queja nunca ha producido felicidad para el ser humano. Todos los que se quejan son infelices. La queja apaga el gozo de las personas. ¿Dónde está el equilibro de la queja? Quejarnos a Dios es sano, quejarnos de Dios es negativo. ¿La queja nos lleva a adorar?

Después de haber estudiado que hemos sido salvados para “la alabanza de la gloria de Dios” y sabiendo que Dios “busca a adoradores que le adoren en Espíritu y en verdad”, hemos de hacer una afirmación necesaria:

LA ADORACIÓN NO REQUIERE UN AMBIENTE CÓMODO

La primera vez que aparece la palabra adoración en nuestras Biblias:

  • Gn. 22:5. La situación para adorar era la de sacrificar a su hijo. No parece un momento de adorar a Dios.
  • Job. 1:20-21. Era un momento traumático, difícil, doloroso y angustioso. A veces la expresión de adoración puede aliviarnos el dolor. La adoración puede calmar nuestro dolor. Si Dios no hubiera estado acostumbrado a adorar a Dios no habría reaccionado así.
  • 1S. 1:19. No adoramos a Dios cuando nos va bien, sino que es independiente de la circunstancia.

Hemos visto que hemos de alabar a Dios siempre.

Quiero “simplificar” esta afirmación:

TENEMOS QUE ALABAR A DIOS SÓLO EN DOS OCASIONES: 

  • Cuando tengo ganas y cuando no las tengo.
  • Cuando gozo de buena salud y cuando estoy pasando por una enfermedad.
  • Cuando estoy alegre y cuando estoy triste.
  • Cuando siento a Dios cerca y cuando me parece que está ausente.
  • Cuando me salen bien las cosas y cuando me salen mal.
  • Cuando tengo trabajo y cuando lo pierdo. 

Hemos de aprender a rendirnos a Dios, y decirle:

  • No entiendo nada pero te alabo. (No finjas delante de Dios).
  • Desde mi impotencia y enfermedad te alabo.
  • Desde mi dolor y situación desesperada te alabo. 

Salmo 142.7 Hay situaciones que nos hacen sentir prisioneros y tenemos que pedirle a Dios que nos ayude a alabarle.

Dios no está obligado a explicarnos sus caminos, Él es plenamente soberano en nuestras vidas. Muchas veces queremos entender el porque

Es suficiente saber que Dios se preocupa de nosotros y que nunca se equivoca. Dios realiza sus propósitos (Ro. 8:28), Dios está por nosotros, siempre está a nuestro lado, y esto es todo lo que importa.

Nada de lo que me pueda suceder es producto del azar, la mala suerte o el destino. 

Normalmente los peores momentos son los que nuestra adoración es más genuina.

No se trata de portarme bien con Dios porque Él se porta bien conmigo. Realmente hay más días grises que soleados, por eso debemos adorarle en los días soleados para estar acostumbrados a los días grises.

LA ADORACIÓN Y EL SUFRIMIENTO:

1. Introducción

A veces no tenemos ganas de adorar por nuestro sufrimiento. Pero realmente debemos obligarnos a hacer lo que sabemos que nos va a hacer bien.

  • En la Biblia no encontramos ningún tratamiento sistemático sobre el sufrimiento. Esto no quiere decir que algo falte o que algo se haya dejado fuera. Tenemos todo lo que necesitamos.
  • Tenemos lo que Dios nos ha querido revelar, ni más, ni menos. No encontramos explicaciones, lo que encontramos son testimonios de personas que vivieron situaciones difíciles.
    • Por consiguiente, es nuestra responsabilidad hallar el mensaje, interpretarlo en concordancia con el resto de las Escrituras, aprenderlo y aplicarlo a nuestras vidas.
  • Cuidado con decir lo que no dice la Biblia. Hay quienes afirman que una fe pura y verdadera elimina todo sufrimiento. Pero, ¿cómo explican el sufrimiento de Jesús?
  • Lo que encontramos en el texto bíblico son muchos pasajes en los cuales el sufrimiento es uno de los elementos que interviene, y por lo general no es el elemento principal. Normalmente el sufrimiento es parte del relato y pasa sin explicación.
  • El principal interés del registro bíblico es la revelación de Dios al hombre, y no la reacción del hombre a las experiencias que desde su punto de vista considera negativas. Su Palabra nos da a conocer a Dios, no el sufrimiento. No significa que no debamos buscar una respuesta, pero es más interesante saber cómo vivir el sufrimiento.
  • En la Biblia el sufrimiento no es un problema filosófico sobre el cual hay que debatir, tampoco es una cuestión teológica que hay que formular intelectualmente. El sufrimiento es una realidad que hay que enfrentar, y que tiene que ver necesariamente con la revelación de Dios al ser humano.
  • El sufrimiento no recibe ninguna solución teórica en la Biblia. Por supuesto, la solución final para todo sufrimiento vendrá en la eternidad futura, cuando Jesús vuelva en poder y gloria. Pero también es verdad que si en el estado eterno no hay sufrimiento, tampoco necesitamos ninguna explicación.
  • El cristianismo no ofrece una solución al problema del sufrimiento. Arroja luz sobre él, pero el sufrimiento sigue siendo un misterio. Tenemos que tener cuidado con dar una solución al sufrimiento.
  • El cristianismo nos ofrece una perspectiva desde la cual hemos de mirar al sufrimiento, y esa perspectiva es la cruz. A través de la cruz podemos darle la perspectiva correcta.

¿Por qué permite Dios que sus hijos sufran?

  • Es una pregunta que no recibe respuesta: Es una pregunta mal formulada.
  • Dios es Soberano. Dios no tiene que explicarnos sus caminos: Estamos hablando del sufrimiento no provocado.
  • Es suficiente saber que Dios se preocupa de nosotros y que nunca se equivoca: Él siempre nos acompaña. La mayor promesa es que nosotros NUNCA vamos a sufrir solos. Jesús fue el único “cristiano” que llegó a sufrir sólo. Tenemos garantizada su presencia en medio del dolor.
    • Filipenses 4.6,7 La paz de Dios entra en nuestra mente y corazón. Dios nos atiende de una manera especial en nuestras vidas.
  • No vivimos por explicaciones: vivimos por las promesas que encontramos en la Biblia:
  • El saber que Dios tiene un propósito para nuestras vidas, nos ayuda a someternos a Él:
  • No siempre entendemos el propósito de Dios. Dios es plenamente Soberano en nuestras vidas y no tiene porque explicarnos sus caminos. Dios realiza sus propósitos (Ro.8:28) y esto es todo lo que importa: Posiblemente, tendríamos que ser Dios para poder entender plenamente el significado del sufrimiento. 

A veces el sufrimiento nos hace ser personas más bellas.


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